Dos vuelos y una verdad

Dos vuelos y una verdad

 

Decías que la vida era maravillosa y yo no podía competir con tu cielo. Hermosos dragones volando sobre un enorme lago azul con una pequeña isla negra en su centro y una barca deseando ser utilizada. Así eran tus ojos, fantásticos lugares en los que se producía la mezcla de la que me alimentaba.

Tú, encerrada en tu celda, a veces no lo entendías y me rogabas independencia y tranquilidad.

También en eso nos parecíamos, a mí me sucedía algo similar, con la salvedad de que yo no imaginaba estos conceptos alejado de tu sonrisa.

El momento en que más rápido latía mi corazón se producía cuando me regalabas un gesto de espontánea complicidad tras uno de mis frecuentes arrebatos contra todo y contra mí mismo. Apenas bastaba una mirada fugaz o un atisbo de cualquier cosa para que mis músculos se relajasen, mi mente se despejase y para que surgiesen de la nada unos impulsos incontenibles de acercarme a besarte. Entonces proponías con habilidad y rapidez un cambio de conversación que en realidad no lo era tanto, ya que descubría entre cada letra un abismo y entre cada línea un infinito, legados que depositaba tu inteligencia con la clara intención de hacerme evolucionar y crecer. Si alguna vez se te ocurre alguna manera mediante la que pueda recompensarte, dímelo sin dudarlo porque inmediatamente romperé las raíces que me atan a las nubes para volar hasta la luna en busca de tu deseo.

En cierta ocasión me hablaste del paraíso y yo volví a bucear bajo tu melodía, atontado como nunca y curioso como siempre. Aquél fue un gran viaje agarrado de tu mano a través del lugar inexistente que se me había escurrido anteriormente entre los dedos y en el que había decidido colgar las botas. Palmeras tropicales, silencio, un poco de felicidad y una ola roja de fuego marchándose por el horizonte, también un pequeño unicornio dibujando cintas de Mobius en el aire con su cuerno multicolor, un dedo índice apuntando hacia ti y una guitarra reposando junto a la entrada de una choza de madera y paja, pero luego una fuerte palmada resonando como un estallido en mi interior, un reproche por haberme vuelto a evadir de la realidad y un rechazo seguido de un “nunca más” doliéndome muy adentro como el último que realmente fue.

Tras esta carta me despido de ti para iniciar el viaje más importante de todos, el que va a destrozarme o a demostrarme que puedo vivir sin ti.

Aún no he derramado mi última lágrima, pero tampoco he escrito mi última poesía ni imaginado mi último sueño. Tan sólo tres pequeños detalles me horrorizan y lo daría todo por saber qué significan para ti.

Que mi última lágrima no nacerá por tu causa porque más tarde o más temprano te habré olvidado y habré mitigado el dolor que me produce nuestra historia

Que mi última poesía no irá dedicada ni a tus ojos ni a tu sonrisa porque el tiempo también apagará mi inspiración

Y que mi último sueño será simplemente volver a encontrarte algún día con ganas de volver a empezar.

 

 

Giro

Giro

 

Apareciste entre dos árboles exponiendo cien contrastes ante mi oscuridad.

Yo era la noche y tú mi luna llena, deprimido sin tu presencia habitual, feliz ante tu llegada esporádica.

Ahora reconozco que me equivoqué en un pequeño detalle, nuestro bello satélite tan sólo refleja la luz que le envían otros mientras que tú brillas por ti misma.

Cierto día amaneciste curiosa y atrevida, caminaste por una senda a través de las montañas, dejaste atrás la ciudad y mi mano retando a lo prometido y ascendiste hasta el pico más alto en un lugar en el cual ya eras parte del cielo, como siempre sucedió. Yo te observaba desde la distancia ensimismado con todos tus gestos y torpe por mostrarme incapaz de encontrar las palabras que expresasen mi interior. Supongo que nada hubiese podido hacer, tu mirada perdida en el horizonte delataba tu complicidad con las estrellas; al fin y al cabo eras una de ellas y yo sólo un agujero negro autodestructivo y corrosivo que nunca debió salir de las tinieblas que le vieron nacer. ¡Qué bien me hubiese venido un poco de tu genialidad, una pizca de tu cariño hace unos cuantos años!

Pero ya era demasiado tarde.

Cuando desapareciste entre las nubes, llovió purpurina y me contagié de tu curiosidad. Decidí seguirte. El camino era tortuoso pero la ilusión renovada por recoger parte de tu maravilloso legado en forma de rosas y tulipanes lo hizo soportable y encantador.

No importa conseguir los sueños, de nada sirven una vez logrados, sólo cuenta tenerlos y luchar por ellos con todo porque en realidad este proceso es lo único valioso de la vida.

El trayecto tranquilo cerca de la naturaleza con la música del canto de los pájaros y el susurrar de las ramas de fondo me obligó a afrontar las cosas desde una perspectiva más sencilla e inocente, sin temor a las consecuencias que se desencadenarían si, tras alcanzar la cumbre de tu reino, no se presentase ante mis ojos nada más que el vacío.

Simple, luchar por vivir o luchar por morir.

A medida que alcanzaba mi destino volvía poco a poco a ser yo. La pendiente se hacía más abrupta y mi deseo de abandonar más pronunciado. Renacía el perdedor asustadizo y triste, no merecía la pena, otro desengaño, ya no aguantaba más, ya era suficiente, jamás debería haber nacido, …

Soñar es un concepto tan complicado en manos inapropiadas como hermoso en las afortunadas. Hoy solamente puedo suponer qué habría sido de mí si hubiese girado, si hubiese ignorado tus palabras cuando volviste a surgir como una ráfaga de viento imposible. La muerte habría sido mejor que seguir viviendo sin conocer lo que me aguardaba en tu pedestal, en la cima de tu esplendor, la felicidad por ignorancia, nada peor que conformarse con menos que con la perfección. Aún hoy retengo en mi retina la visión de este lugar en el que he decidido quedarme hasta el fin de mis días, ese lugar que vi por primera vez desde la cumbre y que a pocos les parece especial.

Estoy de acuerdo, realmente así es, comprendo perfectamente que cualquiera me serviría si, como aquí y ahora, tú estuvieses a mi lado.