Tiempo de reciclarse

Tiempo de reciclarse

 

La Tierra es el manicomio del universo.

Aportando una pizca de cordura.

La playa tropical a mi espalda con las olas negras acariciando la arena en suaves embestidas, la música del grupo cubano regalando de mis oídos toneladas de simplicidad a modo de tierra seca y pesada que apaga el fuego interno de lo complicado y la impresión de haber encontrado al fin el lugar adecuado para pasar en calma el resto de los días. En mi boca, la sonrisa estúpida del optimista aprovecha cualquier minucia para hacer acto de presencia, curioso, parece que los innumerables batacazos no han servido para nada y que sigo manteniendo intacta la esperanza a pesar de todo.

Me acerco a la barra improvisada con la intención de brindar en soledad y enseguida tengo ante mí uno de esos cócteles azules con sombrilla que se sirven en copas anchas. Aún no me he atrevido a atacarlo cuando se dirige hacia mí una hermosa mulata que se dispone a realizar un breve descanso del baile continuo en compañía de un solitario desconocido. Permanezco inmutable en un principio, pero se nota que ella carece de mis prejuicios e inmediatamente elabora una conversación de la nada, de lo más trivial, de lo más atractivo.

La belleza de la noche.

Mi lugar de procedencia.

Su aprecio por mi acento español.

Palabras tranquilas y sencillas que se deslizan por el aire cálido como benignos fantasmas en nostálgico retorno al castillo que les vio nacer y morir. De mi boca surgen algunos halagos sinceros como agradecimiento ante los cuales ella no se altera, seguramente habrá recibido mil mejores que éstos pero intenta ocultarlo con su radiante sonrisa regalo de los dioses creadores de la belleza, como si desease que mi ánimo no se viese afectado por mi abrumadora mediocridad.

Apenas unos pocos minutos y ya me he dado cuenta de que ella es exactamente lo que necesito, esa porción del universo en forma de mujer que me complementa y equilibra, ese océano descomunal en el cual mi barca navega sin preocupaciones y en el cual el romanticismo en estado puro parece dispuesto a echar su ancla oxidada. Ha llegado el momento de apearse del ritmo desenfrenado de la vida occidental y de ver cómo se aleja el tren; en esta ocasión no lloraré por su partida, aunque puede que lo haga cuando vuelva a aparecer y alguien me empuje adentro escupiendo algún duro reproche por todo el tiempo perdido.

No importa. Por una vez estoy decidido a disfrutar del presente enterrando el pasado e ignorando el futuro, por una vez deseo enamorarme olvidando el dolor continuo al que me someto de un modo despiadado.

Entre las ideas ella se acerca y me sonríe ahuyentando la cabeza y aproximando el corazón, tiempo de reciclarse, me lo merezco, aquí es posible encontrar la felicidad sin razonar sobre ella tal y como siempre soñé.

 

 

El genio de la música

El genio de la música

 

Alguien me impedía verlo, pero al instante apareció luciendo su hermosa melena larga y rizada, con sus pantalones brillantes e intemporales, con sus ojos oscuros y su mente privilegiada.

Su aparición logró sorprenderme por sí sola una vez más. Sentía más que admiración por él y, por un momento, que se extiende hasta el presente, deseé conocerlo y ser su amigo.

En seguida pronunció unas palabras espontáneas y sabias que le salieron de lo más profundo y que yo jamás olvidaré. Tal vez su voz lograba dotar a sus frases de un significado nuevo, quizás más indicador o expresivo acerca de la realidad. Era, y es todavía, un genio, alguien que a diferencia de los demás no morirá sumergido por la sociedad devastadora, alguien que no pasará desapercibido porque sus pensamientos residen en un nivel superior al del resto.

Realizó dos movimientos imprevistos y llenos de coordinación que me hicieron apreciar su energía descomunal desde la distancia. Su fuerza era sorprendente y su sabiduría innata se abastecía por sí sola, sin la necesidad de apoyarse en la vulgaridad ajena.

Entonces comenzó la música y él se deslizó por el escenario como si éste formara parte de él. Su talento desplegó todo su esplendor y mis oídos se mostraron incapaces de mostrar todos los matices de su voz.

En aquel momento creí en lo imposible y me pareció apreciar sobre su figura y sobre su mirada un brillo amplio y cegador. Me observó y tras un segundo se comunicó conmigo a través de su mente poderosa. Hablamos mediante la telepatía mientras cantaba y durante la conversación logré conocerlo un poco mejor. Así me confirmé a mí mismo que no me había equivocado lo más mínimo al idealizarlo.

Todas las palabras parecían superponerse sobre una bella melodía.

Parecían navegar sobre la entonación de su voz.

Quien sabe si hoy su inconformismo le habrá acarreado más problemas. De lo que estoy seguro es que sus sueños jamás se convertirán en realidad porque el mundo está demasiado ciego como para permitirlo.

Por ello pienso si verdaderamente pertenecerá a este planeta o si no es más que un hombre tocado por la mano de Dios

Alguien especial que sobresale con luz propia por lo que es y por lo que vale.

Alguien que no debería ver apagada su valía en este asqueroso lugar.

Alguien que nos hace pensar a los demás que la vida es injusta por tolerar que convivan juntas personas como él y personas vulgares como somos los demás.

 

 

Rendición (capítulo “Fuego” – fragmento)

Rendición - Fuego

 

[…]

 

Así, por aquel tiempo, entre filosofías inconexas y verdades imposibles, intentaba salir del mal paso sin conseguirlo. Fue muy duro el primer rechazo, el primer “no”, esa negativa inicial que parecía dispuesta a abrir la puerta a muchas otras del mismo estilo y yo sentía mucho miedo, demasiada repulsión hacia el mundo exterior y unas ganas tremendas de evadirme y, no, entonces no pensé ni un segundo en lo fortalecido que había salido del traspiés, en lo que me había ayudado aquella derrota. De haberlo hecho quizás las cosas habrían sido de otro modo.

Mientras, las personas que el azar nos aproximó fueron creciendo con su propio estilo. Ahora sé, porque el tiempo me lo ha demostrado, que aquellas ideas que nos unían y que entonces parecían cercanas no lo eran ni mucho menos. Puede que el mero hecho de no sentirse solos fuese motivo suficiente para que nos convirtiésemos en amigos, aunque también es verdad que es imposible encontrar a alguien que sea exactamente como uno, incluso de no ser así, si conociéramos a esta persona, con toda seguridad no la soportaríamos.

Supongo que de haber pasado aquella etapa en soledad o con otras personas, no hubiese llegado a la misma meta. Por muy independientes que nos veamos a nosotros mismos, el mundo nos afecta y lo hace influyendo en el carácter y en la forma de actuar. Y, aunque en el interior esté el contenido y en el exterior aparezca la forma, la relación entre estos dos conceptos no es antagónica, sino coexistente y mutuamente mezclada pues no se pueden separar.

La primera onda expansiva en mi personalidad me descubrió la amistad pero, con el rastro inconfundible de la idealización todavía al acecho, volví otra vez, ya iban dos, al mundo inexistente de Platón. Era obvio que en breve llegaría, también iban dos, el pertinente fracaso.

En esta etapa, con la inseguridad y con las dudas por bandera, efectos secundarios: tuve tiempo para conocerme un poco mejor a mí mismo. Había algo en mí con lo que me identificaba y con lo que me encontraba cómodo, una especie de clásico romanticismo con unas cuantas gotas de dramatismo que lo convertían en algo un poco más entretenido. Sí, la idea del perdedor romántico, del que tiene las mejores ideas y al que se le da de lado por el mismo motivo, porque la vida le parece predecible, trivial y excesivamente material. Pero junto al romántico también empezaron a evolucionar aquellos prejuicios auto impuestos en el pasado, disolviéndose como un puñado de arena soltado al viento, para formular con una vocecilla impertinente una pregunta no tan complicada: “¿por qué no?”

 

[…]

 

 

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He pensado mucho en esto.
Si estamos juntos esto es lo que va a suceder.
Yo seguiré persiguiendo lo que persigo y eso me llevará cada vez más tiempo.
Tú me verás menos cada vez.
Cuando suceda me distraerás y me molestarás porque yo sólo querré tocar piezas en mi cabeza.
Tú estarás más resentida cada vez.
En algún momento me dirás que me tome con más calma la batería, que esté más tiempo contigo.
Y yo no podré.
Empezaré a estar dolido contigo por pedirme eso.
Sentiré que me estás arrastrando y tú sentirás que no es para tanto.
No mucho después nos odiaremos el uno al otro.
Así que deberíamos dejarlo ahora mismo, por todas esta razones.

 

El protagonista hablando con su novia

(Guión de la película Whiplash, director Damien Chazelle)