Percepción del enamorado

 

Al resto de mujeres, no importa quiénes, te las puedes imaginar siendo folladas. Ya sabes, a horcajadas en el asiento del conductor de un coche, con el punto G, la parte posterior de su esponja uretral, siendo aporreado por tu enorme salchicha. O puedes imaginártela inclinada sobre el borde de un jacuzzi haciéndoselo con el tapón. Ya sabes, en su vida privada. Pero es que la doctora Paige Marshall parece estar por encima de que se la follen.

 

Asfixia. Chuck Palahniuk.

 

 

Tumba de Oscar Wilde

 

Un día, al encontrarse Wilde con un amigo, le pregunta qué había hecho desde el último día en que lo vio, y el interpelado le cuenta cosas insignificantes.

– Nada más – objeta Wilde -. En verdad no valía la pena de haberlo repetido… Tiene usted en los ojos un franco deseo de lo verdadero… Pero, amigo mío, lo que se ha visto carece de interés desde que es cosa vista… Yo le voy a enseñar a mentir… Hay un mundo diario que no merece ocuparse de él, y otro mundo extraordinario, del que debemos hablar: “En una aldea lejana había un leñador al que esperaban siempre las gentes a la vuelta de su trabajo para que les contara lo que había visto.”

– “¿Qué ha visto usted hoy?”

– “Pues hoy he visto en el bosque unos silvanos bailando y tocando alrededor de un fauno, y, junto al mar, tres sirenas jugando con las olas.”

“Al día siguiente, al pasar por el bosque, vio realmente unos silvanos bailando alrededor de un fauno, y al llegar a la playa, tres sirenas jugando en el mar…”

– “¿Qué ha visto usted hoy?… – le preguntaron aquel anochecer, como todos los días, y él dijo:”

– “Hoy no he visto nada”.

 

Oscar Wilde.

 

 

 

Rendición (capítulo “Agua” – fragmento)

Rendición - Agua

 

[…]

 

Se apagaron las luces durante unos instantes sobre el telón del fondo, para encenderse a continuación con el grupo al completo en el escenario. Y, Kevin, con su inseparable guitarra azul daba por comenzada la actuación con los primeros acordes de “Rug, the rat”. Sonido metálico, melancólico a intervalos, con Carol muy metida en la canción, que narraba un duro relato metafórico en contra de los malos tratos, y apenas abría los ojos como introducida en la propia historia de la que hablaba. Movía los brazos junto al micrófono como si por un segundo éste fuese un compañero de fatigas de los que de verdad merecen la pena, pero sin tocarlo, como si en esta ocasión el sufrido compañero metálico no fuera otro que Rug, la rata, esa bestia que aparecía en la canción y que arreglaba los problemas a golpes. Al término de la melodía, cuando Carol abrió por fin los ojos, las aproximadamente cien personas que abarrotaban el local rompieron en aplausos, impresionados por lo que acababan de ver y escuchar. Por mi parte, desde una esquina alejada y aún con la piel de gallina, apenas pude moverme para expresar lo que acababa de sentir.

Continuaron con “Your muse”, “A pair of solutions”, “One more night”, “Bib”, “Tones”, la instrumental “Hiding”, la eléctrica “Trip to nowhere” y un par más de las que no recuerdo el nombre. Después, “Moonlight drive”, encantadora versión de la canción de The Doors de la que me quedé prendado en cuanto la escuché y que me habían ocultado deliberadamente cuando les confesé mi irreprimible adicción a Jim Morrison. Mientras la cantaba, Carol me lanzó un par de miradas acompañadas de sendas sonrisas que yo devolví. “Let’s swim to the moon, let’s climb through the tide, penetrate the evening that the city sleeps to hide”, y entonces noté algo fuerte en mi interior, algo que nacía y que se abría paso sin concesiones, haciéndome temblar por momentos. Pero tuvo poco tiempo esta nueva sensación para relajarse pues, para cerrar la actuación, Carol dirigió unas cuantas palabras al público.

– Ha sido estupendo tocar aquí hoy -, dijo mientras separaba el micrófono de la barra metálica que lo sostenía; esperó unos segundos para dejar aplaudir al público y añadió: – Terminaremos con “One hundred and one dreams left”, una canción especial para mí que me gustaría dedicar a un nuevo amigo llegado de muy lejos, por su apoyo y porque aún me tiene que confesar un par de secretos sobre los sueños que se me han escapado hasta ahora, ¿no es así? -. Y tras mirar en mi dirección, decenas de cabezas del público la acompañaron. Lo pasé fatal y me sonrojé como nunca. Tardé en reaccionar y entonces sólo pude proteger mis ojos con las manos del foco que los apuntaba y asentir con la cabeza.

 

[…]

 

 

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