La filosofía de las tinieblas

La filosofía de las tinieblas

 

Tenebrosa es la noche, trivial es el día,
peleas de gallos abarrotan las esquinas,
las cosas degeneran, se convierten en ruinas
salvo su bella sonrisa; ésa sólo es mía.

La filosofía de las tinieblas se asume,
los pantanos están inundados de pobreza,
el inmediato fin del mundo se presume,
no crece buena hierba entre la maleza.

Alguien se levanta con gran poder,
con ganas de cambiarlo todo y reiniciarlo,
pero los demás sólo saben despreciarlo,
le envidian y se empeñan en joder.
No hay forma alguna de revelarse,
ellos son muchos y el trabajo es grande.

Y en el nuevo reino de las tinieblas
los cuervos campan con total libertad
y recogen los desechos de la deslealtad
y se alimentan de las precauciones
y son parásitos en los trozos de carne
y miran con desprecio a los humanos.
Ellos lo tenían todo, tenían mente,
y todo lo dejaron ir entre sus manos;
su error fue ir a favor de corriente.

 

 

 

La decadencia

La decadencia

 

 

Cristales rotos y madera astillada,
corazones perdidos y amistad maltratada,
ambientes alucinógenos repletos de miedo
nos sirven de consuelo ante su espada,
nada nos libra del terror de su mirada.

La decadencia hace llorar a la juventud,
que observa inmutable el fin de la belleza.
Acomodados en la plenitud material,
los jóvenes olvidaron el inconformismo,
por ser complicado, por ser trivial,
tal vez debido a que, como todo lo trivial,
tiene la obligación de emanar de uno mismo
y esto siempre requiere pensar.

La decadencia es el primer guiso del día,
pueden ustedes pasar y servirse un plato,
el manjar es gratuito, nada les costará.
Pero recuerden la palabra “rebeldía”,
piensen en ello durante un buen rato
y así la comida se les atragantará.