La filosofía de las tinieblas

La filosofía de las tinieblas

 

Tenebrosa es la noche, trivial es el día,
peleas de gallos abarrotan las esquinas,
las cosas degeneran, se convierten en ruinas
salvo su bella sonrisa; ésa sólo es mía.

La filosofía de las tinieblas se asume,
los pantanos están inundados de pobreza,
el inmediato fin del mundo se presume,
no crece buena hierba entre la maleza.

Alguien se levanta con gran poder,
con ganas de cambiarlo todo y reiniciarlo,
pero los demás sólo saben despreciarlo,
le envidian y se empeñan en joder.
No hay forma alguna de revelarse,
ellos son muchos y el trabajo es grande.

Y en el nuevo reino de las tinieblas
los cuervos campan con total libertad
y recogen los desechos de la deslealtad
y se alimentan de las precauciones
y son parásitos en los trozos de carne
y miran con desprecio a los humanos.
Ellos lo tenían todo, tenían mente,
y todo lo dejaron ir entre sus manos;
su error fue ir a favor de corriente.

 

 

 

El hombre de negro

El hombre de negro

 

El pistolero recorrió un nuevo desierto
atravesando las colinas y sus prejuicios.
Atrás quedó un indolente ser, muerto,
y con él abandonó su fin y sus inicios.

Las llanuras y los mares, sus amigos,
nunca vieron con buenos ojos su forma,
pero tampoco discutieron el fondo.
Aquéllos que habían hurtado abrigos
se pudrían ahora en lo más hondo,
felices al haber encontrado justa muerte
por sus miserables vidas carentes de norma.

El hombre de negro, el mejor justiciero,
ése al que temían todos los que debían,
el brazo ejecutor de la naturaleza,
alguien que existía aunque no debía,
la mejor manifestación de poder divino,
había decidido revelarse contra Él
sin más motivo que escapar de su piel.

La materia y el alma,
el cuerpo y el aura,
la mentira y la verdad,
la gran dicotomía,
lo que divide el mundo,
la justicia y la realidad.
¿En manos de quién están?

 

 

Soledad

Soledad

 

Los cielos han apagado mi estrella,
se consumió el cauce del manantial,
enferma el mar y sólo aparece ella,
la soledad me espera en su espiral.

Mas la mala hierba sigue creciendo,
confiada desde el lugar de la nada;
ante mi digna lucha me mira riendo,
pero yo sigo bregando por mi amada.

Conmigo creció y morirá mi soledad,
aunque me soporta en nada me ayuda,
atrae a los tulipanes de la maldad,
me abofetea si surge en mí la duda.

Quizás mi inteligencia engrandezca,
quizás recubra mi sombra con poder;
sólo deseo que su luz se oscurezca,
sus celos nublan el bello amanecer.

 

 

 

La decadencia

La decadencia

 

 

Cristales rotos y madera astillada,
corazones perdidos y amistad maltratada,
ambientes alucinógenos repletos de miedo
nos sirven de consuelo ante su espada,
nada nos libra del terror de su mirada.

La decadencia hace llorar a la juventud,
que observa inmutable el fin de la belleza.
Acomodados en la plenitud material,
los jóvenes olvidaron el inconformismo,
por ser complicado, por ser trivial,
tal vez debido a que, como todo lo trivial,
tiene la obligación de emanar de uno mismo
y esto siempre requiere pensar.

La decadencia es el primer guiso del día,
pueden ustedes pasar y servirse un plato,
el manjar es gratuito, nada les costará.
Pero recuerden la palabra “rebeldía”,
piensen en ello durante un buen rato
y así la comida se les atragantará.

 

 

Adore

Adore

 

Las ilusiones contra la realidad,
mis esperanzas contra tus deseos,
la mirada del león hacia el vacío
diluida por niebla espesa y oscura,
se terminó el sueño,
se acabó la vida.

Rizando el rizo un buen día
las flores amanecieron marchitas,
cuando unas manos las recogieron.
Recuerdo su melancolía y su pesar,
me inunda la tristeza,
me supera la soledad.

Ven así como eres,
destroza mi escudo infranqueable
y verás lo que los demás pasan por alto,
que detrás de todas las máscaras
sobrevive el último romántico,
el enamorado del amor y su esencia,
el enemigo de la apariencia,
el esposo del corazón.

Así vi tus ojos tras la lluvia,
espléndidos desde su refugio,
orgullosos de su libertad,
mirando siempre al infinito
aunque no en mi dirección.
Aquel día me lo alegraron,
mas el resto de mi vida destrozaron.

Ya finalizó el sueño,
ya concluyó la vida,
me ahoga la tristeza,
me mata la soledad.

 

 

Conocerte

Conocerte

 

Aplausos sobre la llegada de la primavera
mientras alguien observa los pasos que damos;
aún nos quedan corredores a los que alcanzar
mientras alguien ve los corazones que amamos.

Es el hada de la suerte y la esperanza,
de existencia inmaculada en su grandeza,
aunque devastadora aliada de la justicia.

Preferiría que mis sueños me la presentaran
a seguir desolado en mi oscura celda,
para encontrar sentido al ritmo desbocado,
para enamorarme de su suave y dulce brisa;
el gran sueño que me guía hacia el destino
ha encontrado su fin en la cocina del alma.

Antes de caer en la inconsciencia,
quizás necesite otro beso de comprensión
y cada vez es más difícil conseguirlo…
… sólo debido a que te quiero.

Hasta el momento en que las piernas flaqueen,
este caminante buscador de buenos momentos
no dejará aparcada su gran ilusión,
su martirio, su pequeño consuelo: conocerte.

 

 

El otro lado

El otro lado

 

La soledad acoge mis principios
y los refugia de la tempestad.
No hay temor, no hay tristeza,
tan sólo existe la realidad.

 

El otro lado contempla mis pasos,
sonríe, llora y se mofa:
“¡cuán patéticos sois, ignorantes,
reprimidos, hipócritas, vergonzosos,
infelices, pequeños e irrelevantes!
La muerte os juzgará a todos,
todos sufriréis vuestras infamias,
todos, todos, todos.”

 

Desde mi ventana admiro la belleza,
oculta en el asfalto, presa de la pereza,
y siento renovado ímpetu por vivir
y los ojos sólo quieren dormir
y el corazón suplica sentir
y el cerebro divaga para sobrevivir.

 

Ahora lloro en silencio por aquellas mentes,
divinas, agraciadas y valientes,
románticas e inconformistas,
y por desgracia muy poco frecuentes.
A ellas pertenece el futuro,
lo sagrado y valioso también,
ellas tienen toda la fuerza,
en sus entrañas reside la verdad.

 

¿Qué nos pasó, qué dejamos olvidado en el camino,
qué nos afectó en la infancia, qué perdimos?
¿Acaso nadie se ocupa de nosotros?
¿A nadie le importamos ni a nadie amamos?
¿Tan preocupantemente vacíos estamos?

 

 

 

Soneto a la amistad

Soneto a la amistad

 

Risas cuando sólo deseo llorar,
palabras de alguien que siempre está,
animan, susurran, todo llegará,
y la ilusión de nuevo en su lugar.

Una zanja nos sirvió para vernos,
alcohol, dudas, lamentos, verdades,
lugar alejado de las ciudades,
breves momentos para ser eternos.

Confesión, perdí mi mejor partida,
secreto, esto espero mañana,
amistad, lo más grande en la vida.

Elude las dudas con elegancia,
es fuerte, soporta la adversidad,
con ella no puede ni la distancia.

 

 

Soneto a la muerte

Soneto a la muerte

 

Los prejuicios, avestruces doradas
adoptadas por los simples cobardes,
ven guiadas sus risas atragantadas
por la muerte que susurra: “no tardes”.

No la temen los realmente vivos,
ni los que de cerca la han mirado,
muy pocos listos se muestran esquivos;
ellos saben, ellos la han amado.

Es el viaje hacia el infinito,
la hora de la justa recompensa,
sirve al libre, guía al proscrito.

“No puedo hacerlo, no la quiero ver”,
débiles piensan, poderosos ríen,
“fui necio en vida, ¿qué voy a hacer?”

 

Soneto a la vida

Soneto a la vida

 

Secretos guardo dentro del corazón,
más de doce tengo de mis vivencias,
varios me sirven como referencias,
los creados por mi imaginación.

Y recuerdo demasiadas sonrisas,
lágrimas dolorosas, tu mirada,
extrañas excusas sin coartada,
horas al lado del mar y sus brisas.

Nada cambió desde mi revolución;
tras tantas y tantas desilusiones,
los problemas aguardan su solución.

Ya no me quedan musas por esculpir,
ni corazones a los que conquistar;
sólo resiste el ansia por morir.