Percepción del enamorado

 

Al resto de mujeres, no importa quiénes, te las puedes imaginar siendo folladas. Ya sabes, a horcajadas en el asiento del conductor de un coche, con el punto G, la parte posterior de su esponja uretral, siendo aporreado por tu enorme salchicha. O puedes imaginártela inclinada sobre el borde de un jacuzzi haciéndoselo con el tapón. Ya sabes, en su vida privada. Pero es que la doctora Paige Marshall parece estar por encima de que se la follen.

 

Asfixia. Chuck Palahniuk.

 

 

Infancia

 

Y está claro como el agua que el mocoso necesita unos azotes. Se merece todo lo que le pueda pasar. Es el mismo pobre palurdo iluso que realmente se creyó que el futuro iba a ser mejor. Si uno trabajaba duro. Si uno aprendía lo suficiente. Si corría lo bastante deprisa. Que todo saldría bien y uno llegaría a ser algo en la vida.

 

Asfixia. Chuck Palahniuk.

 

 

Tu segunda historia

 

Ahora puedes imaginar la próxima historia, tu segunda historia. Pero sin demasiados detalles; no compongas una visión a la que te vayas a aferrar, ni crees una idea en la que te puedas perder. No mires un mapa para calibrar la profundidad del mar Amarillo, no imagines la forma de sus olas. No te entretengas con la idea de los padres que has perdido, la chica que perdiste. Resiste el impulso de explicar sus historias porque en algún momento tendrás que comprender que una respuesta y una solución no son la misma cosa, y a veces una historia no es más que una excusa.

 

“La profundidad del mar Amarillo”. Nic Pizzolatto

 

 

El lenguaje

 

El lenguaje, le dijo, no es más que nuestra forma de disipar con explicaciones la maravilla y la gloria del mundo.

De deconstruirlo.

De desdeñarlo.

Le explicó que la gente no puede soportar toda la belleza del mundo.

El hecho de que no pueda ser explicado ni comprendido.

 

Asfixia. Chuck Palahniuk.

 

 

mar amarillo

 

Esa vida se fragmenta en historias que apenas recuerdas y que deben su significado a la falta de competencia. Hasta que esos instantes, esa vida, se convierten en un par de ojos verdes que estás convencido de haber visto algún día parpadeando desde el cielo de una larga noche sin rumbo en la que te preguntabas qué hacías conduciendo a esas horas y cómo ibas a llegar a casa. Años que no recuerdas porque estabas demasiado ocupado fingiendo que la verdadera tristeza no era más que nostalgia inventada.

 

“La profundidad del mar Amarillo”. Nic Pizzolatto.