La filosofía de las tinieblas

La filosofía de las tinieblas

 

Tenebrosa es la noche, trivial es el día,
peleas de gallos abarrotan las esquinas,
las cosas degeneran, se convierten en ruinas
salvo su bella sonrisa; ésa sólo es mía.

La filosofía de las tinieblas se asume,
los pantanos están inundados de pobreza,
el inmediato fin del mundo se presume,
no crece buena hierba entre la maleza.

Alguien se levanta con gran poder,
con ganas de cambiarlo todo y reiniciarlo,
pero los demás sólo saben despreciarlo,
le envidian y se empeñan en joder.
No hay forma alguna de revelarse,
ellos son muchos y el trabajo es grande.

Y en el nuevo reino de las tinieblas
los cuervos campan con total libertad
y recogen los desechos de la deslealtad
y se alimentan de las precauciones
y son parásitos en los trozos de carne
y miran con desprecio a los humanos.
Ellos lo tenían todo, tenían mente,
y todo lo dejaron ir entre sus manos;
su error fue ir a favor de corriente.

 

 

 

La perfección de las imperfecciones

La perfección de las imperfecciones

 

Me senté a su lado. Aunque ande presumiendo de independencia y alabando a la soledad, necesito tanto la compañía como el oxígeno. Y descubrir su mirada fija en mí en un par de ocasiones fue el incentivo definitivo para acercarme a ella.

Estaba triste y melancólica, conozco por experiencia lo que significa que unos ojos bellos se muestren apagados y perdidos, que una hermosa sonrisa haya sido secuestrada y se halle en paradero desconocido y que una mente soñadora se encuentre sepultada bajo toneladas de ofuscación.

Las peores crisis no suelen producirse como consecuencia de algún hecho concreto, son más bien la acumulación de sensaciones negativas a lo largo de mucho tiempo, puede que de toda la vida, y las personas como ella y como yo, caprichosas en parte, podemos solucionar sin dificultad los problemas más complicados y sin embargo crearnos nosotros otros de la nada que nos opriman y depriman hasta dejarnos exhaustos.

Pasamos un par de minutos en silencio antes de que ella, poderosa hada en un mundo de dragones y caballeros destinados a matarse mutuamente, me mostrase las manos y me dijese que con ellas nada había hecho y nada se sentía capaz de hacer. Pronunció las palabras con tanta sinceridad que consiguió elevar su dureza y yo, acostumbrado a mi pesar a las decisiones radicales y a las posturas extremas, me negué a mentir para hacer que se sintiese un poco mejor y me entregué en mis cavilaciones al incómodo silencio que se produce cuando se espera que digas algo y no encuentras las palabras.

Una situación delicada y ya me había evadido de la realidad. Caminaba por un prado en pendiente cercano a un enorme acantilado. Todo verde y azul, en perfecta armonía, salvo la pendiente que desequilibraba mis pasos y que casi me hacía caer.

Mi curiosidad, siempre tan pronunciada como la de un niño, me empujaba a acercarme al borde del precipicio para contemplar la fuerza del mar golpeando las rocas en la orilla en contraste con la calma que mostraba en el horizonte. Pero me tambaleaba, casi mareado me volví a caer y decidí no volver a levantarme, convencido de que avanzaría mejor con una mayor superficie de mi cuerpo apoyada sobre el suelo. Con la cabeza aún dando vueltas, me asomé lentamente a la mágica línea que separaba la tierra verde del cielo azul y apenas tuve tiempo para alcanzar a ver nada. Una enorme mano de agua salada surgió iracunda del vacío, me agarró del cuello con violencia y me arrastró a la caída…, al fin cumplidos mis deseos, el suicidio había sido la solución…, pero me preguntaba por qué seguían conmigo mi razón y mi memoria en el extraño lugar en que me encontraba, no me había deshecho de ellas, me perseguían como perros rabiosos sedientos de sangre y yo, profundo estúpido que necesita que una verdad se le presente en todas sus formas posibles para tomarla en serio, comprendí entonces que de nada servía intentar evitar los problemas, que la única manera de seguir adelante era resolverlos.

¡Cuántas veces había repetido estas palabras y qué difícil resultaba convencerse realmente de ello!

Pero debía intentarlo de todos modos.

 

 

 

Percepción del enamorado

 

Al resto de mujeres, no importa quiénes, te las puedes imaginar siendo folladas. Ya sabes, a horcajadas en el asiento del conductor de un coche, con el punto G, la parte posterior de su esponja uretral, siendo aporreado por tu enorme salchicha. O puedes imaginártela inclinada sobre el borde de un jacuzzi haciéndoselo con el tapón. Ya sabes, en su vida privada. Pero es que la doctora Paige Marshall parece estar por encima de que se la follen.

 

Asfixia. Chuck Palahniuk.

 

 

El hombre de negro

El hombre de negro

 

El pistolero recorrió un nuevo desierto
atravesando las colinas y sus prejuicios.
Atrás quedó un indolente ser, muerto,
y con él abandonó su fin y sus inicios.

Las llanuras y los mares, sus amigos,
nunca vieron con buenos ojos su forma,
pero tampoco discutieron el fondo.
Aquéllos que habían hurtado abrigos
se pudrían ahora en lo más hondo,
felices al haber encontrado justa muerte
por sus miserables vidas carentes de norma.

El hombre de negro, el mejor justiciero,
ése al que temían todos los que debían,
el brazo ejecutor de la naturaleza,
alguien que existía aunque no debía,
la mejor manifestación de poder divino,
había decidido revelarse contra Él
sin más motivo que escapar de su piel.

La materia y el alma,
el cuerpo y el aura,
la mentira y la verdad,
la gran dicotomía,
lo que divide el mundo,
la justicia y la realidad.
¿En manos de quién están?

 

 

Tiempo de reciclarse

Tiempo de reciclarse

 

La Tierra es el manicomio del universo.

Aportando una pizca de cordura.

La playa tropical a mi espalda con las olas negras acariciando la arena en suaves embestidas, la música del grupo cubano regalando de mis oídos toneladas de simplicidad a modo de tierra seca y pesada que apaga el fuego interno de lo complicado y la impresión de haber encontrado al fin el lugar adecuado para pasar en calma el resto de los días. En mi boca, la sonrisa estúpida del optimista aprovecha cualquier minucia para hacer acto de presencia, curioso, parece que los innumerables batacazos no han servido para nada y que sigo manteniendo intacta la esperanza a pesar de todo.

Me acerco a la barra improvisada con la intención de brindar en soledad y enseguida tengo ante mí uno de esos cócteles azules con sombrilla que se sirven en copas anchas. Aún no me he atrevido a atacarlo cuando se dirige hacia mí una hermosa mulata que se dispone a realizar un breve descanso del baile continuo en compañía de un solitario desconocido. Permanezco inmutable en un principio, pero se nota que ella carece de mis prejuicios e inmediatamente elabora una conversación de la nada, de lo más trivial, de lo más atractivo.

La belleza de la noche.

Mi lugar de procedencia.

Su aprecio por mi acento español.

Palabras tranquilas y sencillas que se deslizan por el aire cálido como benignos fantasmas en nostálgico retorno al castillo que les vio nacer y morir. De mi boca surgen algunos halagos sinceros como agradecimiento ante los cuales ella no se altera, seguramente habrá recibido mil mejores que éstos pero intenta ocultarlo con su radiante sonrisa regalo de los dioses creadores de la belleza, como si desease que mi ánimo no se viese afectado por mi abrumadora mediocridad.

Apenas unos pocos minutos y ya me he dado cuenta de que ella es exactamente lo que necesito, esa porción del universo en forma de mujer que me complementa y equilibra, ese océano descomunal en el cual mi barca navega sin preocupaciones y en el cual el romanticismo en estado puro parece dispuesto a echar su ancla oxidada. Ha llegado el momento de apearse del ritmo desenfrenado de la vida occidental y de ver cómo se aleja el tren; en esta ocasión no lloraré por su partida, aunque puede que lo haga cuando vuelva a aparecer y alguien me empuje adentro escupiendo algún duro reproche por todo el tiempo perdido.

No importa. Por una vez estoy decidido a disfrutar del presente enterrando el pasado e ignorando el futuro, por una vez deseo enamorarme olvidando el dolor continuo al que me someto de un modo despiadado.

Entre las ideas ella se acerca y me sonríe ahuyentando la cabeza y aproximando el corazón, tiempo de reciclarse, me lo merezco, aquí es posible encontrar la felicidad sin razonar sobre ella tal y como siempre soñé.

 

 

Dos vuelos y una verdad

Dos vuelos y una verdad

 

Decías que la vida era maravillosa y yo no podía competir con tu cielo. Hermosos dragones volando sobre un enorme lago azul con una pequeña isla negra en su centro y una barca deseando ser utilizada. Así eran tus ojos, fantásticos lugares en los que se producía la mezcla de la que me alimentaba.

Tú, encerrada en tu celda, a veces no lo entendías y me rogabas independencia y tranquilidad.

También en eso nos parecíamos, a mí me sucedía algo similar, con la salvedad de que yo no imaginaba estos conceptos alejado de tu sonrisa.

El momento en que más rápido latía mi corazón se producía cuando me regalabas un gesto de espontánea complicidad tras uno de mis frecuentes arrebatos contra todo y contra mí mismo. Apenas bastaba una mirada fugaz o un atisbo de cualquier cosa para que mis músculos se relajasen, mi mente se despejase y para que surgiesen de la nada unos impulsos incontenibles de acercarme a besarte. Entonces proponías con habilidad y rapidez un cambio de conversación que en realidad no lo era tanto, ya que descubría entre cada letra un abismo y entre cada línea un infinito, legados que depositaba tu inteligencia con la clara intención de hacerme evolucionar y crecer. Si alguna vez se te ocurre alguna manera mediante la que pueda recompensarte, dímelo sin dudarlo porque inmediatamente romperé las raíces que me atan a las nubes para volar hasta la luna en busca de tu deseo.

En cierta ocasión me hablaste del paraíso y yo volví a bucear bajo tu melodía, atontado como nunca y curioso como siempre. Aquél fue un gran viaje agarrado de tu mano a través del lugar inexistente que se me había escurrido anteriormente entre los dedos y en el que había decidido colgar las botas. Palmeras tropicales, silencio, un poco de felicidad y una ola roja de fuego marchándose por el horizonte, también un pequeño unicornio dibujando cintas de Mobius en el aire con su cuerno multicolor, un dedo índice apuntando hacia ti y una guitarra reposando junto a la entrada de una choza de madera y paja, pero luego una fuerte palmada resonando como un estallido en mi interior, un reproche por haberme vuelto a evadir de la realidad y un rechazo seguido de un “nunca más” doliéndome muy adentro como el último que realmente fue.

Tras esta carta me despido de ti para iniciar el viaje más importante de todos, el que va a destrozarme o a demostrarme que puedo vivir sin ti.

Aún no he derramado mi última lágrima, pero tampoco he escrito mi última poesía ni imaginado mi último sueño. Tan sólo tres pequeños detalles me horrorizan y lo daría todo por saber qué significan para ti.

Que mi última lágrima no nacerá por tu causa porque más tarde o más temprano te habré olvidado y habré mitigado el dolor que me produce nuestra historia

Que mi última poesía no irá dedicada ni a tus ojos ni a tu sonrisa porque el tiempo también apagará mi inspiración

Y que mi último sueño será simplemente volver a encontrarte algún día con ganas de volver a empezar.